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Jean, 20 ans, étudiant en école de commerce: "C'est une question que je ne me pose plus trop, tant la réponse est enracinée en moi. Quand j'étais au collège et au début du lycée, j'ai toujours refusé de fumer quand on m'a proposé de prendre ne serait-ce qu'une taffe, parce que je voulais être un vrai sportif qui ne prend rien. A l'époque je faisais plusieurs heures de rugby par semaine. Au fond, j'avais sans doute aussi peur de la réaction de mon corps au produit, car nous sommes tous inégaux face à la drogue.

Et puis, en terminale, j'ai retrouvé un de mes anciens bons amis de collège que je n'avais pas revu depuis. Lui qui était si jovial, drôle et dynamique était devenu complètement apathique, sans motivation, ni désir. Il avait redoublé et avait changé trois fois de lycée. Il s'était surtout mis à fumer quotidiennement des joints. Cela a commencé à me faire prendre conscience de la dangerosité de cette drogue qu'avec hypocrisie et mensonge certains osent appeler « drogue douce ».

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Una tarde, alguien trajo cocaina, y la probé. "No pensaba que me llevaría a un agujero negro, para mí no había peligro.

Se nos pide que seamos los más guapos, los más inteligentes, que salgamos hasta muy tarde (...) Para dejarlo tuve que aceptar mis debilidades "

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No comprende que nadie preste ayuda a sus compañeros de clase que se hunden cada vez más en su soledad y que ya han empezado a descuidar sus estudios.

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Lo que me incita a escribirles es una tristeza del corazón, la tristeza de constatar que nuestros hijos son a menudos introducidos al mundo de la droga a pesar de ellos.

He consultado a una psiquiatra infantil de renombre con mi hijo de doce años. El motivo de la consulta se hallaba en una desmotivación y un desinterés en la escuela, manifestados por una falta de atención. Tras haberme dicho que mi hijo C… no se quedaba tranquilo en casa y se desconcentraba en clase, la psiquiatra infantil se dirigió directamente a C… Le declaro que en época de exámenes, solo tendría que tomar una pastilla, un medicamento “maravilloso” que lo “despertaría” en caso de cansancio y que si se sentía desmotivado, esto lo motivaría y tendría energía y no se escaparía en sus sueños en ese momento.

 

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 Tenemos la suerte de tener cinco nietas en buena salud. Hace dos años, nos hemos enterado por Guillaume, que tiene diecisiete años, que su prima de quince fumaba cannabis regularmente. En vez de taparnos los ojos, mi esposo que siempre ha sido el consejero de la familia, se enfrentó al problema. Fue a formarse a Infancia Sin Droga e informó a toda la familia.

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Uno de mis hijos atravesó, entre los 14 y los 17 años, un período de consumo frecuente e incluso intenso de cannabis. Los padres son los últimos en enterarse, la gente que sabe que su hijo consume (compañeros, padres de compañeros, profesores) no van a ponerle al tanto, y los adolescentes obedecen a la ley del silencio. Una verdadera amiga se acercó a hablarme en cuanto se enteró. Luego supe que durante varios años algunos padres habían estado al corriente de que mi hijo consumía, y no juzgaron necesario informarme. Esto es no asistencia a persona en peligro.

Sepa también que un niño que se droga se vuelve mentiroso.

 

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He consumido fuertes dosis de cannabis durante 4 años, y de vez en cuando con alcohol. Al cabo de un tiempo, ya no estudiaba, me quedaba en mi cuarto, no veía más a nadie. Una persona de mi familia me dio a leer un libro Qué es la droga, de Marie-Christine d'Welles. Eso me ayudó mucho. Fue como una gran bofetada, estaba de acuerdo con muchos cosas y a partir de ahí decidí dejar de drogarme. Recuerdo la última pagina. (ndlr: cuadro de las drogas psicotrópicas)

Es cierto que las primeras veces resulta divertido. No hubiéramos podido terminar de rodar Fóllame sin coca, quizás porque habríamos tomado consciencia de todo lo que pasaba alrededor, y por tanto nuestras sensibilidades habrían sido más normales (…). Escribí en tres o cuatro días mi novela Las cosas bellas, bajo coca, desbloquea algunas cosas. Pero genera pequeñas subidas rápidas; luego hay que volver a consumir enseguida y, al cabo de un rato, el cerebro se enreda (…).

Hace dos años que se generalizó, tanto en los asentamientos de marginales como en la esfera de la prestigiosa ENA (Escuela Nacional de Administración). La gente ahora la pone al mismo nivel que el cannabis o el alcohol. Si quiero comprar, puedo comprar en un momento, de muchas maneras. Se consigue más fácil que la marihuana (…). Lo mismo pasa en provincia; antes no se consumía mucho en Nancy, Lyon o Rennes. Ahora, cuando voy, veo que la gente consume muchísimo: profesores, asistentes sociales, empleados de la ANPE (Agencia Nacional Por el Empleo), abogados. He oído que en Lyon se puede encontrar hasta en los liceos públicos (…).

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